Empieza por una comida que prepararás
Elige una comida habitual, como huevos con verduras o alubias con arroz. Anota dos o tres alimentos que encajen. Un paquete barato no ayuda si nadie quiere comerlo o si se estropeará gran parte. Primero decide la comida y luego compara los envases.
Lee el precio por unidad actual
Busca en el estante el precio por un peso o volumen común. Compara unidades iguales, no solo el importe en dos paquetes de tamaños distintos. Si falta, divide el precio entre la cantidad indicada. Envases y ofertas cambian, así que mira los datos de hoy. La guía de precios unitarios de la FTC explica su utilidad.
Revisa la ración de la etiqueta
La proteína de una etiqueta suele indicarse por una ración concreta. El paquete puede contener varias y tu comida puede usar otra cantidad. Lee tamaño de ración, proteína y raciones por envase. La ración de la etiqueta informa, no obliga a comer esa cantidad. Consulta la explicación de la FDA y nuestra guía para comparar etiquetas de proteína.
Calcula cuánto usarás
Ten en cuenta la parte comestible, la preparación, el almacenamiento y cuántas comidas harás de verdad. Un envase grande puede salir mejor por unidad pero generar desperdicio si no puedes terminarlo. La guía de compra de la Academia propone repetir ingredientes en varias comidas. Respeta el almacenamiento indicado y tus alergias o restricciones.
Compara opciones flexibles
Huevos, alubias, lentejas, pescado y otros alimentos habituales aportan proteína. La guía Eatwell del NHS los sitúa dentro de una alimentación variada. Ninguno es siempre el más barato ni el mejor para todos. Mira el precio actual y la cantidad que realmente usarás para elegir.
Haz una cesta práctica
Escribe alimentos y cantidades que puedas usar esta semana. La lista de compra para comidas de entrenamiento organiza la cesta y el desayuno sin proteína en polvo ofrece un ejemplo. El planificador de comidas Fitonomy ayuda a organizar comidas, pero no aporta precios actuales. Guarda tus propias notas si te sirven.
